miércoles, 10 de septiembre de 2008

Mis primeros días de Ramadán

Lunes:

El día comenzó sin ningún apuro, traté de tomar alimentos sanos lo más temprano que pude, pero sobre todo, mentalizándome para enfrentar el día sin pensar el la comida, pero sí en dar gracias por lo que tengo y pedir perdón por lo que no agradezco.

No parecía haber nada diferente, excepto mi propia conciencia de tener en mente estos dos sentimientos sobre mi mismo: agradecer y perdonar. Con el tiempo pude observar una creciente lista de cosas que agradecer, pero mi lista de perdón estaba vacía prácticamente.

Durante las primeras horas tuve una gratísima sorpresa que me obligó a permanecer el día entero en el concepto de agradecimiento. Se me permite ingerir líquidos, comer antes de la salida del sol y después de que este se ha puesto; así que mi mamá (tan linda como siempre) me esperaba con un inmenso "pichel" de fresco de frutas para que me acompañara durante el día y estuviera hidratándome.

Este detalle creó conciencia en mi sobre el valor que tiene mi mamá de mi mismo y la amé concientemente de ese sentimiento; mi papá me preguntó a su manera como andaba todo con mi experiencia y me alegré también por ello y mucho; lo mismo logró mi hermana con sus deseos de buena suerte y ánimos para mi primer día.

Estos sentimientos se colocaron como la base de mi lista de agradecimientos y mi cabeza no los dejaba escapar de ninguna manera; así pues decidí hacer un giro importante en mi método de ayuno: No comería nada en lo que resta del día, sino hasta el día siguiente. Líquidos sí.

Durante la noche, habiéndome acostumbrado a la sensación de hambre, pedía mi mente a gritos un poco de alimento, pero soporté bien la crisis enviándole más líquidos al sistema, no conviene deshidratarse. Sin embargo, empecé a tener una sensación de estar soñando despierto.

Martes:

Mi sengundo día de ayuno empezó con un buen desayuno, sin respetar las horas tal vez, pero con la fuerte convicción de estar entrando en una etapa más conciente de mi deseo de ayunar. Este día tuve que salir de gira por mi trabajo y no me quedó más remedio de comentar sobre mi ayuno a un compañero de trabajo.

Mi mamá volvió a preparame un gran pichel de fresco de frutas natural con un poco de espinacas para darme energía, me dijo.

Este día estuve más conciente de mi ayuno, pero quizás fue porque también estuve más conciente de mi hambre. Salí a comprar un par de botellas de agua y menos de 200 metros, me encontré con por lo menos, 10 personas comiendo algo, lo que por supuesto provocó más y más mis ganas de comer algo, pero resistí.

Convencido de que el agradecimiento por descubrir que la gente que me rodea se involucró con mi experiencia, decidí no comer nada por la noche. Sin embargo, esta vez fue especialmente difícil, pues llegué a casa a la hora de cocinar, por lo tanto los deliciosos olores me atraparon entre mis dudas y mis fuerzas. No cené esta vez tampoco, pero estuve mucho más conciente de todas las sensaciones que se producen en mi por el hecho de no masticar.

Esta vez pensé por mucho tiempo en la gente que no tiene nada que comer y tampoco que beber y deben disminuir sus ánsias a punta de agua. Encontré algunas cosas por las cuales pedir perdón y empecé por el hecho de no haber reconocido esta lista que cada día crece y crece, sintiéndome ahora egoísta y vanidoso, al pensar que no tenía nada de qué pedir perdón.

La buena noticia fue que conforme aumenta mi lista de cosas por las cuáles pedir perdón, también crece la lista de cosas por las cuales agradecer.

Un rayo de luz

2 comentarios:

un viajero en meloindia dijo...

Se redescubre el placer de la comida cuando uno ayuna. Que bien saben los alimentos a la vuelta. Mientras tanto hay mucho aprendizaje y experiencias que se viven durante el ayuno.
Yo estuve haciendo el ayuno con Sirope de Savia y limón durante una semana y fue toda una experiencia!

Capricornio dijo...

Hasta aquí me queda la duda de cuanto dura el Ramadan. En lo personal mis condiciones no creo me sean permitidos los ayunos, aunque visto nutricionalmente son formas fáciles o tolerantes de llevar. Se puede arreglar.

Pero lo más importnt es el proceso de meditación, de agradecimiento y perdón que debería llevarse a diario, con o sin hambre. Claro no es lo mismo panza llena y corazón contento, que las tripas sonando para recordar que hay más cosas en que pensar...